Indiana Jones o cómo ignorar la riqueza cultural latinoamericana (y otros)

Junio 9, 2008 at 8:23 pm (Personalisimo) (, , )

Hoy para variar un poco no voy a contarles las metidas de pata del gobierno (que la semana pasada abundaron con la patética Ley Sapo o la estupidez de rebajar las tarifas del transporte colectivo sin conversarlo primero con los gremios del transporte). Hoy voy a detenerme en algunas ideas que me surgieron luego de ir al cine a ver la última Indiana Jones y el reino de la calavera de Cristal… Creo que posterior a la primera media hora se me hizo imposible dejar de revolverme en mi silla: la incomodidad que me causaba lo que veía y escuchaba me dejó tal sabor amargo que dejé de disfrutar la gaseosa, el chocolate y todas las chucherías que llevaba en la cartera… No sólo por las escenas imposibles, estúpidas y propias de un comic como la sobrevivencia del héroe a una explosión atómica encerrado en una nevera…(vaya nevera!!)…que igual se moriría de cancer porque con tal radiación lo mínimo eran unos pocos días de vida… Pero bueno, es una película de fantasía, de aventuras dirán Ustedes, así que no se puede pedir mucho realismo… bueno, se puede tener acción trepidante y divertida sin caer en semejantes exageraciones poco creíbles, les respondo yo. En fin… lo que me molestó más fue la visión reduccionista, racista y superficial que se tiene de Latinoamérica en toda la película. Ya sabemos que el nivel cultural de los gringos es bien precario, al punto que una parte considerable de la población norteamericana no sabe en donde carrizo está Roma, y menos sabe en donde se encuentra cualquier ciudad medianamente importante de su propio país… pero en una película tan taquillera y esperada como ésta, pues lo mínimo que se espera es un poquito de investigación para no poner a Indiana a afirmar que aprendió quechua con Pancho Villa… Por Dios!!! ¿Es que Harrison Ford no leyó su guión? lo mínimo es que le dijera a Lucas y a Spielberg: Oigan, yo no voy a decir semejante estupidez!!!… Pero por lo visto, el actor no se percató de esa brutalidad mayúscula, porque quizás no sabe que Pancho Villa es mexicano y que el quechua es un idioma hablado aún hoy por el pueblo peruano… Y que México está por allá arriba a la patita pues, frontera con frontera, mientras Perú está abajo en sudamérica… ¿o será que producto de la radiación Indi ya no coordina? ahh… no había pensado en eso!

Luego encontramos otras bellezas como las pirámides mayas (las copiaron, incluyendo sus frescos, sus esculturas -hasta el Chacmol -, sus relieves al dedillo) en medio de la selva amazónica peruana… ¿es que las ruinas incas no son atractivas para una película? Si Machu Picchu con toda su magia no les resulta interesante, entonces no ambientes la película en Perú… lleváte la calavera a México, a Chiapas, a Campeche, pero no la coloques a la pata de Nazca… Aquello es un pastel geográfico irritante…

Pero el asunto no se queda allí, sino que se extiende en crear una suerte de Código da Vinci prehispánico al señalar que los indígenas latinoamericanos aprendieron la agricultura y otras cosas gracias a la llegada de extraterrestres… Eso sí que termina revolviéndome el estomágo!! ¿Es que los latinoamericanos somos tan brutos que necesitamos que venga ET a enseñarnos a plantar, a construir, etc, etc?  

También me irrita el asunto de colocar en medio de las ruinas a grupos de indígenas, salvajes, que pese a la grandeza de la civilización que los rodea, pues siguen siendo tan salvajes como antes de la llegada de ET!!! Oh vamos… en el fondo la película exhibe un racismo notorio en el cual todo lo que esté después de La Florida es una misma cosa: grupos de salvajes que poseen ricos tesoros, pero que son incapaces de apreciarlos!! No digo que cada película deba darnos una clase de geografía e historia, pero si al menos respetar un poquito las culturas tratadas, y en medio de la fantasía pues dejar colocar algunos datos reales de modo que al espectador no le haga tanto ruido lo visto… y hasta pueda preguntarse si lo que ve podría ocurrir… o que le queden ganas de aprender un poquito más sobre el tema!!!

Caso contrario, al menos para mis ojos, fue La búsqueda del Tesoro 2: el libro de los secretos, estelarizada por Nicolás Cage, en un papel más creíble como profesor de historia que el arqueologo Indiana Jones, quien a penas si usa su famoso látigo en toda la película… En este caso, la leyenda de las siete ciudades de Cíbola se materializa finalmente en el territorio norteamericano, en donde los españoles efectivamente se cansaron de buscar, así que no estaría tan errante este profesor de historia metido a cazador de tesoros…

Por último,  para aprovechar el post que sólo tiene como fin descargar mi molestia, tengo que decir que el canal Sony Latinoamérica no toma en consideración a sus televidentes, de plano los irrespeta… y les cuento por qué lo afirmo: después de seguir fielmente toda la temporada de American Idol (y me perdonan que después de una crítica tan rabiosamente latinoamericanista, me toque confesar que me encanta consumir esa producción cultural anglosajona!) pues en las últimas semanas, cuando ya quedaban pocos competidores y el asunto se ponía más emocionante, pues Sony decidió jugar con los horarios sin ton ni son. De pronto me encontré con la desagradable sorpresa de encender el televisor y descubrir que el show estaba concluyendo porque en vez de comenzar a las 7:00, arrancó a las 6:00 pm… Luego comenzaron a mover el programa del miércoles-jueves a jueves-viernes, para darle cabida a un insulso reality show del ganador del pasado Latin american idol (el cual no ví porque ese año estaba molesta por la misma causa, me había perdido la final del American Idol gracias a los cambios de programación de Sony)… Bueno… entiendo que hay que engatuzar al televidente con el show local, está bien… pero lo más antipático de todo fue cuando la final se transmitió SIN AVISAR, SIN PUBLICITAR,  un día sábado a las 6:00 pm, día en el cual acostumbraban a repetir los programas de la semana. Eso me pareció una canallada con los seguidores del show. ¿Es que creen que nosotros no hacemos nada más que estar sentados frente a la tv consumiendo únicamente lo que transmiten? Pues no, apuesto a que eso no lo hacen en el norte con ningún programa, a riesgo de perder a la audiencia, pero como es el televidente latinoamericano pues qué importa, no???  De mera casualidad pesqué la final en un zapping, pero no puedo quedarme con eso atragantado, porque ya me tiene la verdad bastante irritada! No sigan jorobándome la paciencia…

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Karaoke virtual

Marzo 17, 2008 at 7:32 pm (Personalisimo) (, )

Soy pésima cantante… pero me fascina cantar. Adoro ir en mi auto en medio del tráfico capitalino cantando a toda voz. Por lo general llevo los vidrios arriba, así que le evito al resto de los conductores escucharme en toda mi intensidad. Pero a veces me ha ocurrido que alguno sonríe, otros se burlan, e incluso alguno aplaude la buena nota de cantar mientras el tráfico está en su momento más pesado… Canto de todo: adoro las rancheras (sólo me falta el tequila al lado), los boleros, la música pop, el rock… pero eso sí, todo en español. En casa, es lo mismo, conecto mi ipod y asesino a todos con mi horrorosa voz, que oscila entre chillidos y gritos ahogados. Ahora descubrí una página que es un karaoke virtual, así que cuando estoy sola en casa, pues me divierto horrores cantando mis canciones favoritas y escuchándome después… Los invito a relajarse con la música y a sacar esa veta de Latinamerican idol que todos llevamos dentro:

www.redkaraoke.es

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Crónicas de viaje (III)

Septiembre 18, 2007 at 10:48 am (Personalisimo)

Hay países que se te quedan en el alma… te sientes como en casa y te provoca regresar cada vez que puedes. Eso me pasa con México… tengo debilidad por el DF con su contaminación, con sus contrastes, con sus problemas… Tan sólo pensar que esa ciudad enorme funciona! mientras nuestra pequeña Caracas es un caos de basura, carros y vendedores informales!

Me apasiona la combinación entre pasado y presente, historia y futuro que puede sentirse en lugares tan apasionantes como el centro histórico y su colosal zocalo. ¿por qué en México todo tiene dimensión pirámide? Los tamaños de edificios, plazas y demás son colosales, rompiendo con las escalas acostumbradas.

Como historiadora del arte no puedo más que delirar ante los deslumbrantes monumentos barrocos, museos y cultura. Pero hay otras cosas más cotidianas que me resultan divertidas. Por ejemplo, los taxis, antiguos y destartalados escarabajos a los cuales se les ha arrancado el asiento del copiloto para favorecer la entrada al vehículo. Después de un rato en el taxi, me preguntaba qué faltaba? y tardé un rato en descubrir que se trataba del dichoso asiento.

El metro tan antiguo, con sus neumáticos y sus ventanas que se abren…por la ausencia de aire acondicionado. Con los vendedores informales que entran al vagón a vender algo por “tan sólo dos pesitos”… o los grupos musicales a los que te provoca pagar pero para que dejen de desafinar! Y lo extraño que resulta esa separación en vagones de mujeres y vagones de hombres.

La comida es exquisita, pero no cometa el error de preguntarle al mesero: Oiga ¿eso pica?… le va a responder: Nooo! y luego cuando pruebe seguro va a pensar que le están tomando el pelo. No sólo pica, es que arde desde la boca hasta el estomágo. En realidad la culpa es mía: no debí preguntar. Obviamente para alguien acostumbrado a comer picante, pues el plato sería algo bastante normal, pero para alguien que no come picante cotidianamente, pues aquello era el camino al infierno. Así que mi recomendación es pedir directamente y sin pena: Señor por favor traigame lo que no lleve picante así sea soso y desabrido!! Por supuesto el camarero le va a poner mala cara, y habrá alguno que dirá, con cierta razón: -bueno si no quiere comer picante para qué viene a México!!

Otra cosa muy llamativa es esa tendencia al besuqueo que podemos ver en calles, plazas, metro, etc. Las parejas mexicanas (de cualquier edad y género) no se cohíben de besarse en todos lados, sin importarles quien los mire. Aquello me parece lindo, sólo que si andas sola y medio depre, acaba por ser un poco atorrante tanto amor a raudales. Media humanidad comiendo carne y tú a puros vegetales!!! Pero está bien, acá somos más recatados o reprimidos! En los ochenta una alcaldesa llegó a prohibir los besos y las demostraciones públicas de afecto en las plazas de su municipio. No sé si desde esa época nos volvimos más recatados en las calles, pero lo cierto es que los mexicanos tampoco llegan a los extremos que se veían en algunas plazas caraqueñas (al menos yo no los ví).

Otra cosa que me llamó mucho la atención fueron las mascotas. Los perros más extraños y de las razas más exóticas los he visto en México. Cada quien saca su mascota a pasear con su respectiva bolsita y pala. Eso se llama orden y no el desastre que vemos en las calles de Caracas… Algo semejante pude ver en Buenos Aires en donde existen paseadores de perros profesionales, que se dedican a pasear diez perros de diversos tamaños bajo contrato. Interesante profesión! a la que me gustaría dedicarme cuando me jubile…!

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Crónicas de viaje (II)

Septiembre 8, 2007 at 4:22 pm (Personalisimo)

Creo que lo que menos me entusiasma de viajar es el paso obligado por el aeropuerto. Sus controles que rozan la paranoia y la tensión del abordaje es algo que me pone francamente nerviosa y de mal humor. Si en el post anterior contaba mi aventura en Ecuador, pues hoy he decidido contar otras peripecias aéreas, para que vean que en todas partes se cuecen habas! con más sal o menos pimienta, pero habas al fin y al cabo…!

En Barquisimeto (Estado Lara) el aeropuerto posee un proceso de seguridad ciertamente estrambótico. Después del normal check in, uno debe pasar por una oficina de Interpol para verificar su documentación personal (¿perdón? ¿Interpol? ¿en Barquisimeto? oh vamossi en el principal aeropuerto del país esto no se hace ¿por qué en Barquisimeto?), pues bien, allí una joven con cara de pocos amigos revisa la cédula de identidad y la compara con el boarding pass, y luego transcribe algo en la computadora. Pero eso no queda allí, luego hay que pasar por una oficina de la DISIP -leáse la policía política venezolana- que graciosamente hace lo mismo que la chica de Interpol (pero que cuando me tocó a mi, pues le había llegado un mensaje que decía que se suspendería el servicio electrico por lo que el funcionario optó por decirme: -”no se preocupe, después pongo sus datos” (????).

En el aeropuerto de Maiquetía, el más importante del país, pues las cosas siempre varían lo cual tiene su encanto. Uno nunca sabe qué te van a revisar: a veces te tienes que quitar los zapatos, la correa y casi que vaciar el equipaje de mano. En otras, pues ni te miran pasar. A veces te tropiezas con algún guardia que te mira medio feo y te pregunta para donde vas y por qué. O algún funcionario de la aerolínea que se cree más agente que el FBI y por ello te interroga sin ton, ni son… Pero eso sí… el humor está presente en todo momento. Una vez, recién renovado mi pasaporte, llegó al aeropuerto con la curiosidad de saber qué información sobre mi persona llevaría el enigmático código de barras. Justo cuando el funcionario de imigración lo pasa por el escaner me concentró en ver la pantalla, y no aparece nada… aquello me asustó ¿no existo? ¿mi pasaporte está malo? con cara de auténtico susto miro al funcionario y le pregunto: “Pero bueno chico ¿qué pasó? ¿por qué no salgo yo allí? y el me responde con una mega sonrisa: “el escaner no funciona”¿y para qué lo pasas entonces? … “Nada más que para verte la cara de susto” y soltó una buena carcajada.

Vamos a ver si en los USA usted se va a encontrar con una situación semejante y con un funcionario con ganas de jorobar graciosamente a la pobre chica que tenía en frente! Esas cosas me reconcilían con mi gentilicio, aunque usted no lo crea, porque me recuerdan que el humor es precisamente lo que nos salva de matarnos los unos a otros…

En el aeropuerto de México también pasé por algo similar. Vaya aeropuerto, es gigantesco, como todo en México: es tamaño pirámide!!! Al aterrizar me preocupaba los dos kilos de harina de maíz que me había encargado una amiga venezolana y los paquetes de café… A la pregunta de: “¿lleva comida, artículos vegetales y bla, bla?” respondí con sinceridad: SI. Pues abra la maleta… y abro la maleta… Me mira el mexicano y me dice: “¿2 kilos no más de harina? ¿por qué no le trajo más a su amiga? ¿es usted tacaña o qué?”… Apenas logré balbucear: es que no quería problemas en el aeropuerto… que respondió: “no más la próxima le trae un bulto completo y más café…o se queda sin amiga”.

Esos son momentos que ciertamente te arrancan una sonrisa y te reconcilian con nuestras raíces latinas… No ocurre lo mismo en Bogotá… El aeropuerto de El Dorado es un fastidio para todo aquel que vaya en conexión. No tiene sentido que un pasajero que se está bajando de un avión y que no ha salido de un pasillo en donde ni ventanas hay, pueda haber adquirido algo ilegal. Así sales de un avión, pasas por un detetector de metales, por los rayos x y no conformes con ello acabas en una sala en la cual los policías te revisan exhaustivamente el equipaje de mano. Eso no sería tan fastidioso si todos los vuelos llegaran a tiempo, pero cuando tu conexión está llegando con retraso y sólo tienes escasa media hora para abordar otro vuelo, te toca pasar por todos estos controles rogando a Dios que no pierdas el vuelo y allí zas… te ganas la lotería como a mi. El policía que me tocó no sólo no le importaba si perdía mi vuelo, es que tenía todas las ganas de dejarme en Bogotá una noche. Revisó mi latop, olió mis boligrafos, mi lápiz labial, mis comesticos, mis pañuelos, mis lentes, mi libreta de notas, mi peine… y todo lo que estaba en mi cartera. Y cuando digo que “olió” es porque de verdad olió… y finalmente se encaprichó con los chocolates que había comprado en el duty free de Caracas. Aunque estaban empaquetados y con el sello del duty free, pues rompió los empaques, destapó los chocolates, le clavó las uñas en los mismos y los olió… pese a todas mis quejas que eran un regalo y que no podría regalar algo comestible que llevaba las uñas clavadas de un policía que ni siquiera guantes usaba… contestó: “digale a su amistad que pasó por Bogotá y que yo abrí los chocolates”… Aquello me revolvió el estomágo, no por los posibles germenes sino por la prepotencia. Llegué a pensar en dejarlos allí, pero preferí botarlos a la basura en mi destino que darle el gusto de comerselos de gratis… Y para colmo el interrogatorio en paralelo “¿para que viaja a Ecuador?”…. -voy a dictar una conferencia. -¿sobre qué es la conferencia? -sobre historia del arte -¿y como se llama la conferencia? (allí no más aluciné… ¿qué le importara a este saber el título, si igual no sabe de qué le estoy hablando? Pensé con toda la mala intención construir un título rebuscado, algo así como estudio de la intertextualidad en la hibridez contemporánea de que sé yo… nada más que por verle la cara… pero el retraso y el constante llamado de mi nombre por los altoparlantes del aeropuerto me hizo desistir de la idea). Repetí el título y no pude evitar decir:”oye allí está la ponencia en papel, si quieres te quedas con ella y la lees, yo llevo dos copias…” a lo cual esbozó una sonrisa y me dijo: Feliz viaje! Me tocó correr por todas las salas, con la latop bajo el brazo, el equipaje abierto y mal arreglado y los pantalones a media cadera gracias a la correa que no había logrado volverme a poner… Fui la última en entrar al avión, con la suerte de que el asiento a mi lado estaba vacio para soltar allí mi equipaje y arreglarlo con más calma después… ¿por qué esta actitud?  ¿se gana algo con ello? ¿han encontrado en un pasajero en conexión algún elemento ilegal? ¿es que no se confía en las revisiones de los otros aeropuertos? A ver… ¿en que momento de mi vuelo Caracas-Bogotá nos detuvimos y yo adquirí algo ilegal? si mi destino final era Ecuador ¿iba a re-importar la droga? vamos eso es medio absurdo. Lo ideal sería que los pasajeros en conexión fueran despachados a otro espacio para su revisión, más rápido y menos engorroso, ya que se supone ya pasaron por controles anteriores. Pero bueno, cada país con sus leyes… y los ciudadanos de a pie a jorobarse, no?

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Crónicas de viaje (I)

Septiembre 5, 2007 at 1:13 pm (Personalisimo)

Recién regresada de un viaje al hermoso Ecuador, me gustaría compartir algunas impresiones…

No es la primera vez que visito Ecuador y su capital Quito. En el 2002 tuve la oportunidad de visitarla, y en aquel viaje las cosas no me fueron muy bien, por lo cual la impresión del país fue bastante regular a mala. Recuerdo que Quito en ese entonces estaba lleno de vendedores informales que tomaban buena parte de aceras y calles, impidiendo el paso vehicular, ensuciando los alrededores y provocando mucha inseguridad entre los pocos extranjeros que nos arriesgabamos a pasar junto a ellos. De hecho, a una de mis colegas le rajaron el bolso, con toda la mala intención de que su contenido se desparramara por el suelo para robarla mejor. Pero no contaron con que la navaja no alcanzó el forro y se quedó sólo en la superficie.

Para colmo de males en ese viaje me enfermé… el clima frío y cambiante, la humedad, una pésima calefacción en el hotel, que además estaba en reformas con mucho polvo en el ambiente, hicieron de las suyas. Pesqué una gripe que me duró más de un mes… Pese al malestar acepté una invitación a pasar el último fin de semana en Cuenca, que ciertamente me dejó gratos recuerdos de una ciudad limpia, agradable, con gente muy amable y hermosas iglesias y museos conventuales a visitar. Quito me había impresionado con sus increíbles iglesias coloniales, pero la ciudad me parecía claustrofóbica, sucia y desagradable. Al punto que llegué a afirmar que el patrimonio era espectacular pero la ciudad era un caos. Y para completar el rosario de dificultades el retorno tampoco fue simpático. En el aeropuerto de Quito se ensañaron conmigo: un par de interrogatorios bastante fastidiosos y luego justo antes de abordar el avión, una revisión de mi maleta acompañada de perros y policías con rostros expectantes por atrapar a la narco del día. Al abrir la maleta y ver libros, me preguntaron con tono de desilusión: “¿sólo lleva libros?”, a lo cual respondí: “¿y que otra cosa quería usted que llevara si ya le dije hasta el cansancio que soy profesora universitaria y vine a dictar una conferencia?” Parecían no entender que una mujer pudiera ser profesora, y pudiera tener algo en la cabeza susceptible a ser escuchado por otros y pudiera viajar a Ecuador sin regresar con la maleta o el estomágo lleno de drogas… A veces los funcionarios dedicados a estos menesteres se olvidan de que tratan con seres humanos y que no todos somos terroristas o narcos en potencia. Pero bueno, acabada la revisión exhaustiva de mi maleta, me montaron en el avión a las carreras, ya que éste esperaba por mi en la pista. Al ser la última a entrar y escoltada por un funcionario, las caras del resto de los pasajeros eran una oda a la desconfianza, se leía en sus rostros: “¿qué será lo que llevaba esta loca que por su culpa estamos retrasados?”… En fin… allí se quedó una familia completita de ecuatorianos, con apariencia de campesinos que buscaban una mejor vida en otro país, a los cuales también los llamaron para revisar su equipaje y que al no encontrarles nada, pues se esmeraron en revisar sus pasaportes e interrogarlos, perdiendo con ello su vuelo. Todo aquello me dejó tan mal sabor en la boca, que juré no regresar a Ecuador.

Pero como todo juramento hace que Dios se destornille de la risa, pues este año recibí una invitación a Ecuador, con todos los gastos pagos. Por semanas estuve pensando y repensando la invitación, explorando mis recuerdos y al final, pues dije que sí, más por los gastos pagos que por un real entusiasmo por volver. De hecho, siempre pido quedarme un par de días, para recorrer por mi cuenta algunos lugares, pero esta vez acepté los días señalados y no quise quedarme ni una hora adicional: dictaría mi conferencia y me marcharía junto a todos los ponentes invitados… Nada de quedarme sola y que luego me tocara pasar por el tormento de aeropuerto con el estigma de “mujer que viaja sola= mula” ….

También opté por llevarme todo mi equipaje “altiplánico”, leáse la ropa con la que acostumbro viajar a lugares extremadamente fríos, además de decenas de medicamentos para el resfriado. Pues debo reconocer que mi disfraz de esquimal funcionó muy bien y más cuando en Venezuela el clima rondaba los 30 grados, llegar a Quito con 17 era un cambio bastante fuerte…

¿qué puedo decir? me llevé la gran sorpresa de que Quito ha cambiado radicalmente. Se ha convertido en una ciudad más vivible, más humana, más agradable, más digna de sus habitantes. Hospedada en un pequeño -y lujoso- hotel del centro, me encontré con calles despejadas, ausencia de vendedores informales (a los cuales han colocado en modernos centros comerciales con todas las comodidades como guarderías para sus hijos, comedores, baños y demás), limpieza en todas partes, monumentos restaurados, iglesias convertidas en espectaculares museos, seguridad en cada esquina al punto que sorprende encontrar personas en las plazas paseando en la noche, en fin… me encontré con otro Quito, que espero los quiteños valoren más y no permitan que bajo ninguna circunstancia les sean arrebatadas estas conquistas! Una ciudad de la que lamenté marcharme sin haber recorrido con más detenimiento la calle La Ronda, sin visitar las cuarenta iglesias y los alucinantes museos. Además de haberme perdido suculentos restaurantes y paseos por los pueblos circunvecinos, o las maravillosas sierras que la rodean.

¿Cómo fue mi regreso? hmmm, sabía que se preguntarían eso. Pues al ir acompañada de uno de los ponentes (hombre…!) , pasé por el interrogatorio de rigor con menos cuestionamientos y miradas de soslayo. Mis maletas cargadas de libros -es inevitable no aprovechar la oportunidad para comprar libros que de otro modo no llegarán jamás aquí- pasaron los controles sin problemas. Pero conocí el caso de una colega chilena que en el mes de enero pasado, optó por quedarse unos días más para visitar lo no visto, y al llegar al aeropuerto se ensañaron con ella al punto que hasta radiografías le tomaron. De nada valió las explicaciones de su perfil profesional: era una mujer que viajaba sola hacia Chile por lo cual era sospechosa! Allí quedó una noche más en Quito, perdió su vuelo y las radiografías demostraron que decía la verdad… Y me pregunto ¿no existirá otra manera de elegir a los sospechosos? ¿no hay otra manera de interrogar sin humillar al viajero? Al menos en mi país te interrogan con una sonrisa, y no con cara de pitbull a punto de saltar a la yugular… Pero  ¿por qué a la francesa de ojos azules y cabello rubio que estaba frente a mi no la interrogaron? Ah…. claro, porta pasaporte de la comunidad económica y por ello es una ciudadana, aunque el porte de hippie con olor a marihuana no le llegara al olfato del guardia, mientras yo con mis ojitos castaños, mi cabello negro y mi pasaporte venezolano soy sospechosa de cualquier cosa… De nada vale si llevas ropa que es más costosa que el salario del guardia en un mes, porque lo que vale es que seas mujer y que viajes sola, y que seas “hermana latinoamericana”…. que ya con ello seguro eres narco… No me jorobes!

¿Volveré a Ecuador? Hmmm…. depende… no digo que estas cosas no pasen en otros aeropuertos, pero vaya que por allá son demasiado cotidianas!

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La sencillez de las cosas que amo… (I)

Agosto 2, 2007 at 12:06 am (Personalisimo)

Hay pequeños detalles de la vida cotidiana que amo con suprema reverencia… Estas son algunas de ellas, lo que demuestra la simplicidad de mi espíritu…

1.- Amo ver a mi perro dormir… adoro sus poses y podría estar horas mirándolo dormir.

2.- Amo el color azul del cielo. Cada día al despertar me llena de paz mirar el cielo y contemplar su color. No podría trabajar en un lugar desde el cual no tenga una ventana para mirar el cielo. La paz que me hace sentir compensa cualquier mal día.

3.- Amo el mar y su sonido. No hay mayor placer para mi que dormir arruyada por las olas del mar. Contemplar su vastedad es algo que adoro.

4.- Amo el chocolate… podría comer kilos y kilos de chocolate durante todo el día. Podría alimentarme de chocolate y nada más… Para mi felicidad soy muy flaca y no engordo por más chocolates que coma…jejeje.

5.- Amo cantar… y lo hago muy mal. Tengo una voz nasal. Pero no puedo evitar cantar y cantar a gritos cuando estoy en mi auto en medio del tráfico capitalino. Envidio profundamente a los que tienen buena voz.

6.- Amo el color rojo, me encanta vestirme de ese color. Pero ya no lo hago, por culpa de la locura política que reina en mi país. Pero cuando viajo al exterior llevo todas mis prendas rojas.

7.- Amo bañarme con agua caliente y humeante… cuanto más caliente mejor. Puedo estar horas en la ducha sintiendo el placer del agua resbalando por mi piel.

8.- Amo el olor de mi almohada… me hace sentir segura, confortable…

9.- Amo la sinceridad… aunque queme!

10.- Amo el olor de la hierba, de la lluvia y del pan recién salido del horno…

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Manías personales… (I)

Julio 22, 2007 at 10:40 pm (Personalisimo)

Como mero ejercicio de autodefinición se me ocurrió listar mis manías y cosas que detesto… quizás así algunos amigos lectores puedan comprender ciertos momentos de locura que invaden mi cotidianidad.

1.- Los días lunes odio a la humanidad… no sé por qué… pero los lunes no quiero dar los buenos días, no deseo desayunar, no quiero hacer nada, no quiero salir de mi casa, no quiero escuchar a nadie. El malhumor se apodera de mí durante las primeras horas de la mañana. Cualquier proyecto, plan o agenda se van a la basura o es cumplido con mala cara. Odio los lunes…

2.- Cada vez que voy a viajar en avión comienzo a sentir una extraña sensación de fatalidad. A medida que se aproximan los días cercanos al viaje, mi ánimo decae y me pregunto por qué razón debo viajar. No es miedo al avión… en realidad no les temo, o quizás sí, pero me resulta profundamente amenazadora la idea de salir de mi rutina.

3.- Sufro de complejo de fiscal de tránsito, al punto que conducir me produce un stress horrible. Veo las infracciones y me imagino vestida de uniforme y con un pito en la boca. Con placer pondría multas impagables… Creo que es genético… mi abuelo paterno fue policía de tránsito en Europa.

4.- Me repugnan las cosas demasiado dulces… Pero también odio las cachapas, las guanabanas, las caraotas negras y casi todos los granos como lentejas, habas y caraotas rojas. Adoro los quesos, pero detesto comer un emparedado en el cual la lonja de queso sea demasiado gruesa. Me repugna la clara del huevo si no está bien frita, y no soporto bajo ninguna circunstancia el más pequeño pedacito de nata flotando en el café… podría pasar horas con la cucharita sacando esos puntitos blancos que flotan en mi taza de café, así se enfríe…

5.- Detesto el agua fría… no puedo tomar agua fría: no me sabe a nada y para colmo la siento bajar por mi esofago, al punto que me corta la respiración. Tampoco me puedo bañar con agua fría… me ahogo, se me tranca el pecho y no puedo respirar… Ni siquiera en la playa me puedo bañar con agua fría…

6.- No puedo salir de casa sin tender mi cama… me choca regresar y encontrarla deshecha. En los hoteles detesto regresar a mi habitación y que no hayan arreglado la cama.

7.- Detesto ir a un baño público… Me cuesta horrores hacer lo que tenga que hacer… se me quitan las ganas. Me aturde la impaciencia de las demás mujeres que esperan, me pone nerviosa la típica puerta que no cierra bien. No puedo hacer pis si al mismo tiempo debo sostener un bolso y una puerta. Necesito paz y tranquilidad para esas cosas…

8.- Odio el color amarillo. No tengo prendas de vestir en ese color… Una vez soñé que moría en un terremoto y en el sueño estaba vestida con una dormilona amarilla. Al despertar boté la dormilona (que realmente tenía) y me prohibí vestir de amarillo…

9.- Cuando estoy leyendo me rasco la cabeza, las piernas, la cara, el cuello, la espalda… es inevitable. Mis manos se mantienen en una frenética actividad…

10.- Me aterran los temblores de tierra… tengo miedo de morir tapiada en uno. Por ello vivo en una casa y no me siento comoda en apartamentos. Tampoco me gusta trabajar en edificios. Cada vez que tiembla entro en una neurosis que no me deja dormir: a cada rato siento que vuelve a temblar… La más mínima vibración del suelo me pone absolutamente nerviosa. Por eso quizás odio el Centro Comercial Sambil de Caracas, que me parece una gigantesca sepultura que se hundirá en cualquier terremoto.

11.- Detesto las películas de terror… monstruos, vampiros, fantasmas, asesinos en serie, extraterrestres y demás engendros me aterran. Sé que son fantasía, que son efectos especiales, que son puro maquillaje o mero photoshop, pero no puedo evitar tener espantosas pesadillas en las cuales esos bichos me persiguen… y me alcanzan!!!

12.- No puedo salir sin zarcillos. Me siento desnuda si no llevo algo en las orejas. Puedo salir sin maquillaje (salvo el lápiz labial), e incluso con una facha propia de mecánico. Pero mis orejas deben exhibir algún zarcillo…

13.- Detesto la música a todo volumen… No puedo ver, ni pensar. Me aturde el sonido estruendoso de las disco, de las fiestas y de todo lugar en el cual no se pueda sostener una conversación sin tener que gritar.

Hasta aquí las cosas… seguramente habrá más…

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Una aceituna en San Valentín (crónica personal)

Junio 26, 2007 at 11:25 pm (Personalisimo)

Entiendo que optaste por hacerte el distraído, desviar el tema y obviar lo que parecía una invitación a una relación más íntima. Pero no fui yo quien te buscó. Yo estaba en mi rincón tranquila, sola, sí, muy sola, pero resignada, anhelante y algo desesperada. Y de pronto apareces tú en mi vida, con aquella sonrisa luminosa y calida que se adivina al otro lado del teléfono, con aquella voz juguetona que invita a la risa fácil. Y me cuentas de tus viajes, de que me trajiste un regalo, de que pensaste en mí en aquel camino de Santiago (y por Dios que no recuerdo haberte hablado nunca de ello). Y me dices Te quiero, me lo repites tantas veces, que ya no sé qué significa, porque parece una frase retórica, tan simple y vacía como un Hola o un Adiós, que sueltas con facilidad y sin pensar, a todos aquellos que se cruzan en tu camino. No fue mi culpa que un corazón seco bebiera de esas palabras, y se las creyera al pie de juntillas.

Y te busco… después de semanas de meditarlo… ahí debo reconocer que me la jugué, aposté todo lo que tenía pensando que quizás sólo necesitabas el pequeño empujón, que después de todos estos años habías mirado hacia atrás y reconocido que en algún recodo de tu largo camino yo me había quedado como un recuerdo que merecía convertirse en presente. Que quizás ahora sí liberado de compromisos habías mirado por el retrovisor y te habías percatado que allí al fondo, distante y pequeñita, estaba yo.

Así que te la puse fácil, y te di la oportunidad de negarte a verme en una data especialmente romántica. Pero en contra de todos mis pronósticos y estrategias, no sólo no me rechazaste, sino que me llamaste y me dijiste que querías comer conmigo ese día así fuera un perro caliente de pie en una esquina… y no tengo la culpa, que me haya creído la historia y haya soñado con un final feliz. Aunque la vocecita del fondo, la que me recuerda mis miserias, se burlara de la insólita posibilidad de escapar de mi rutina, hecha de silencios y oscuridades.

Y esa noche la ansiedad no me dejó dormir… Te miraba, te escuchaba decir palabras mágicas que desvanecían embrujos y maldiciones. En esas horas de insomnio recordé un sueño que tuve hace un par de días: Tú estabas en tu oficina y me entregabas el famoso regalo comprado en aquella España, cuna de todos mis males. Al abrir el paquete me encontraba con una aceituna, sola, medio marchita… y te preguntaba qué era aquello. Con tu mejor sonrisa, con esa que rompe corazones, me respondías que tenía que probar esa aceituna porque era exquisita. Aquello me había dejado sin palabras y sólo atiné a responder: -”pero… pudiste traerme un frasco, ¿no?” -”Pues no!!, son demasiados euros”- contestaste. Y me comí la aceituna pese a que no me gustan, y te di un montón de besos en el rostro por aquel estúpido regalo.

En mi noche de insomnio reflexioné sobre ese sueño y me dije a mi misma: “quizás sea profético, quizás voy a buscar lo que no existe y sólo hay para mi algo tan insignificante como una aceituna… Eso es todo y volveré a casa con las manos vacías y el corazón hecho pedazos.” Y acerté cual entrenado psicoanalista…

Ese día mientras te esperaba me preguntaba si podría reconocerte entre la multitud, si habrías cambiado mucho… Y junto a mí, un calvito con unos globos y flores esperaba a su dama. Me pregunté si me sorprenderías con alguna flor o algo así, si realmente vendrías, y si el calvito esperaría en vano. Y cuando te vi caminar hacia mí y alzar tu mano para saludar, no me importó que no existiera ninguna flor, porque tu sola presencia fue suficiente para hacerme correr hacia ti con la mejor de mis sonrisas y el corazón vacilante, mientras hacia mis adentros me alegraba ganarle una a la vida, y que fuera el calvito quien continuara esperando. Sólo pensé en que habría valido la pena todos los años de soledad, si ese hombre que caminaba con tal seguridad, con la mirada erguida y con aquel porte tan sólido, se acercaba a mi mundo y me rescataba de mi agujero negro. Abriste tus brazos de par en par para darme el más calido de los abrazos y me sentí tan completa y segura, que me reí del calvito, mientras vi reflejada en la vitrina la imagen de una mujer rebosante de felicidad que iba acompañada del hombre más apuesto del planeta. Lo más sorprendente es que esa extraña fugaz en el cristal era yo, allí distinta, linda y más parecida a la protagonista de una novela rosa, que a la dama oscura y triste de siempre.

Fue mágico verte frente a mí, hablando de tus planes, de tus sueños, de tu vida, hasta que poco a poco comencé a vislumbrar puntos de color aceituna que se desprendían de tus palabras, especialmente cuando recordabas a tu exnovia, por la que te marchaste a España, y que remarcaste un par de veces que ya no extrañabas. Y los puntos cobraron poco a poco olor aceitoso cuando me hablaste de aquella chica bellísima con la que estabas saliendo, pero a la cual le dijiste que no querías tener una relación seria… Y la aceituna se comenzó a materializar ante mis ojos, bailando sobre tu cabeza… ¿Qué hacía yo junto a ti en un día de San Valentín escuchándote analizar lo comercial de la fecha, cual si yo fuera de palo y no de carne? ¿Para qué me habías sacado de mi apacible rincón? ¿Por qué no me dejaste ser un recuerdo? ¿Por qué invitas a comer a tu ex profesora en un día tan estúpidamente romántico? Ah claro… es que la pobre vieja no se va a creer que estás interesado en ella… ¿no? Debe ser lo mismo que salir con la mamá, con la abuelita o con la tía gorda… La aceituna rueda escaleras abajo, camina por los pasillos y hasta canta mientras nos comemos un helado: -”Que sea de chocolate por favor, porque necesito carbohidratos para aguantar la tormenta emocional que se aproxima…” pensé…

Finaliza la tarde en tu oficina, a media luz, sigues hablando de tu vida, de una en la que yo no tengo cabida. Y de nada sirve estar tan cerca de ti, a veinte centímetros de distancia, porque el abismo verde oliva se hace cada vez más intenso y hondo. Yo que te pensé hasta el cansancio y al verte allí, completo frente a mi, con unas canas de más que te dan esa apariencia de hombre maduro, el cabello largo, un asomo de panza, aquella media barba, la misma sonrisa que siempre aplastó mi aplomo, tuve que contenerme y morderme los labios para no cerrar tu boca con un beso, porque lo único que pensaba mientras me hablabas era en tus labios… ¿qué habría pasado si en un momento de locura cayera mi boca sobre tu boca? Hoy estaría mortalmente avergonzada, pero al menos no tendría este sabor amargo de aceituna en el alma.

 

JR…

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