Reflexiones sobre la pandemia de gripe AH1N1 desde el trópico
En las últimas semanas he recibido vídeos y artículos en donde se intenta probar que la AH1N1 no existe, que se trata de una conspiración global encabezada por los Estados Unidos para favorecer las acciones bursátiles de algunos laboratorios farmacéuticos. Incluso he sostenido numerosas discusiones en foros virtuales y redes sociales, con personas que sostienen opiniones tan absurdas como que la H1N1 se contagia cuando tomas el Tamiflu. No voy a detenerme en desmentir estas versiones, porque no soy médico y carezco de los datos científicos que permiten desmontar la teoría conspirativa -que por cierto no se basa tampoco en datos científicos y que además la hemos escuchado con la gripe aviar, y también en los ochenta con el SIDA…
A este baúl de opiniones se suman ahora las de médicos que desde Europa consideran que se debe disminuir la preocupación por esta gripe, porque sus estadísticas y progresiones señalan que mueren y morirán más pacientes por las gripes estacionales que por la AH1N1. Ya me resulta chocante cómo se habla de cifras, olvidando que no se trata de números abstractos sino de seres humanos con sueños, esperanzas y vidas, que han sido truncadas por una gripe… Pero en cierto modo resulta comprensible que los médicos europeos resten importancia a la gripe AH1N1. Se trata de países en donde los sistemas de atención médica funcionan a las mil maravillas, en donde el Estado desarrolla campañas de prevención y además existen condiciones higiénicas que favorecen la disminución del contagio, pese a la llegada del crudo invierno.
Pero en nuestro país restar importancia a este virus es absolutamente irresponsable e inmoral. En Venezuela no sólo tenemos un sistema de atención médica que se cae a pedazos: es por todos conocido que nuestros hospitales, ambulatorios y módulos de Barrio Adentro están en las peores condiciones; faltan los recursos (tanto medicinas, equipos, camas y personal médico); llega la temporada de lluvias que contribuye al incremento de gripes estacionales que fácilmente permiten camuflar la AH1N1 y limitan la capacidad de respuesta de las instituciones hospitalarias que se ven rebazadas por la cantidad de personas que requieren atención, aislamiento y exámenes de detección del virus; hay un desinterés por parte del Estado en efectuar campañas educativas sobre el virus, concentrando toda su plataforma comunicativa en la batalla política; y por último, lo más importante: unas pésimas condiciones de higiene colectivas. Tan sólo recordemos que amplios sectores de la población carecen de agua potable ¿cómo carrizo se pueden lavar las manos varias veces al día para prevenir el contagio? ¿cuantos venezolanos pueden darse el lujo de comprar gel antibacterial o mascarillas? ¿cuantos pueden dejar de ir a trabajar en caso de tener los primeros síntomas de gripe? y ni hablar de los problemas de aseo urbano, con ciudades sucias, que facilitan ampliamente la propagación de diversas enfermedades. En este contexto un virus nuevo como el H1N1 puede ser realmente alarmante, por no utilizar otros calificativos.
Seamos honestos: aquí no tenemos estadísticas confiables de absolutamente nada! ¿cómo podremos conocer la cantidad exacta de víctimas de la AH1N1? ¿quien nos confirma que son sólo 900 casos y 40 muertes? ¿quien garantizará que la pandemia ha sido controlada? ¿quien nos confirma que los decesos se han producido por la lentitud de respuesta del enfermo y no del Estado? ¿cuantos enfermos realmente recurren a la atención hospitalaria? Por lo general el venezolano se automedica, compra toneladas de antigripales y rara vez acude al médico en caso de una gripe…y cuando finalmente lo hace… ya puede ser demasiado tarde.
Y por último, no podemos olvidar que muchos de las víctimas venezolanas padecían otros problemas de salud como diabetes, asma, alergias, etc… Es decir, a su situación física ya menguada se le suma la AH1N1. ¿Cuáles son las estadísticas de nuestros grupos de riesgo? ¿cuantos diabéticos hay en nuestro país? ¿a quienes se va a vacunar cuando finalmente lleguen las vacunas? ¿se respetarán los grupos de riesgo como diabéticos, embarazadas, hipertensos, asmáticos, etc?
Con este breve análisis sólo quiero sugerir a mis lectores que en vez de hacerse eco de quienes están haciendo campaña por desacreditar a la pandemia, se aboquen a la tarea de aprender a no contagiarse. Es la forma más responsable de actuar, y no se trata de alarmar a quienes me lean, sino de concientizar que la salud comienza por nosotros mismos. Ya que los medios de comunicación y el Estado se hallan enfrascados en una batalla campal, olvidando que se deben a los ciudadanos, nos toca a nosotros aprender sobre la AH1N1, para no convertirnos en frías cifras.