Sancocho, circo

Septiembre 18, 2007 at 1:14 pm (Cara de bolsa)

Este texto fue escrito por un amigo entrañable, querido, admirado… Me permito reproducirlo aquí con su permiso, porque refleja muy bien, palabras más, palabras menos, lo que sentimos algunos venezolanos ante el circo en el cual se ha convertido nuestro país… Aunque como alguna vez le escuché decir a don Pedro Berroeta, Venezuela no es un país, es un territorio con un gentío encima! Claro, él ya estaba jorobado de tanta improvisación…

  

Sancocho, circo

En algún momento Chávez nos hizo creer que, efectivamente, reduciría el tamaño del Estado. Eran tiempos de campaña electoral. De hecho, de la primera campaña del hoy ya candidato profesional. Aquellos que sabíamos alegrarnos ante la sola idea de un Estado reducido a su justo tamaño –una idea que nunca ha gozado de buena acogida en nuestras latitudes-, encargado principalmente del resguardo jurídico de la plenitud de las libertades ciudadanas y de la realización y mantenimiento de obras públicas, nos entusiasmamos con la idea de la reducción de la masa burocrática del Estado. Alegría de tuberculoso.  Hace nada celebramos el cumpleaños de una de estas nuevas instancias de la burocracia gubernamental: el flamante Ministerio de la Alimentación. Se nos dio la oportunidad de ver, una vez más, a la otrora magna Avenida Bolívar, convertida en el Coliseo de los Césares locales, en una fantástica función circense que mereció entrar en el libro de los récords Guinness. Lejos de hornear la torta más grande del mundo –que ya tenemos tiempo poniéndola ¿para qué redundar? el Ministerio de la Alimentación decidió montar el sancocho más grande del mundo ¡Qué arrechos somos! ¡Le tumbamos la marca a México, que la había impuesto en julio de este mismo año! ¡Ahora sí es verdad que vamos palante! Mi venezolanidad se vio hinchada de orgullo patrio, mientras en lo más hondo de mi alma criolla revivía el recuerdo de más de un sancocho en la playa o en la orilla de un río. Quería tener un millón de amigos y así poder toda esa olla vaciar. Los británicos estaban allí, expectantes, registrando el hecho. Quince mil litros de sancocho. Una pelusa, pues. Tengo otro record para los británicos. Si quince mil litros de sancocho los sorprenden, esperen a enterarse de esto. Lamentablemente no han creado un ministerio que pueda encargarse de este asunto. Me detuve a considerar cuántos litros de sangre alberga el cuerpo humano, en promedio. Un individuo de un peso cercano a los 70 kilos –digamos, un peso cercano a la media- contiene unos 5.3 litros de sangre. Si atendemos a ciertas estadísticas que señalan que en nuestro país, durante los últimos 7 años, ha habido aproximadamente unos 60.000 asesinatos –de seguro, han sido más- obtenemos la espeluznante cifra de 318.000 litros de sangre derramada. Esto es, 21.2 ollas de sancocho bolivariano llenas de sangre de venezolanos muertos por la violencia callejera y el hampa desatada, como para poner una junto a la otra en la misma Avenida Bolívar y contemplar el saldo de estos 7 años ¿Qué tal esa cifra para un nuevo récord? Agarren su circo. Y su sancocho.

Daniel Esparza

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Crónicas de viaje (III)

Septiembre 18, 2007 at 10:48 am (Personalisimo)

Hay países que se te quedan en el alma… te sientes como en casa y te provoca regresar cada vez que puedes. Eso me pasa con México… tengo debilidad por el DF con su contaminación, con sus contrastes, con sus problemas… Tan sólo pensar que esa ciudad enorme funciona! mientras nuestra pequeña Caracas es un caos de basura, carros y vendedores informales!

Me apasiona la combinación entre pasado y presente, historia y futuro que puede sentirse en lugares tan apasionantes como el centro histórico y su colosal zocalo. ¿por qué en México todo tiene dimensión pirámide? Los tamaños de edificios, plazas y demás son colosales, rompiendo con las escalas acostumbradas.

Como historiadora del arte no puedo más que delirar ante los deslumbrantes monumentos barrocos, museos y cultura. Pero hay otras cosas más cotidianas que me resultan divertidas. Por ejemplo, los taxis, antiguos y destartalados escarabajos a los cuales se les ha arrancado el asiento del copiloto para favorecer la entrada al vehículo. Después de un rato en el taxi, me preguntaba qué faltaba? y tardé un rato en descubrir que se trataba del dichoso asiento.

El metro tan antiguo, con sus neumáticos y sus ventanas que se abren…por la ausencia de aire acondicionado. Con los vendedores informales que entran al vagón a vender algo por “tan sólo dos pesitos”… o los grupos musicales a los que te provoca pagar pero para que dejen de desafinar! Y lo extraño que resulta esa separación en vagones de mujeres y vagones de hombres.

La comida es exquisita, pero no cometa el error de preguntarle al mesero: Oiga ¿eso pica?… le va a responder: Nooo! y luego cuando pruebe seguro va a pensar que le están tomando el pelo. No sólo pica, es que arde desde la boca hasta el estomágo. En realidad la culpa es mía: no debí preguntar. Obviamente para alguien acostumbrado a comer picante, pues el plato sería algo bastante normal, pero para alguien que no come picante cotidianamente, pues aquello era el camino al infierno. Así que mi recomendación es pedir directamente y sin pena: Señor por favor traigame lo que no lleve picante así sea soso y desabrido!! Por supuesto el camarero le va a poner mala cara, y habrá alguno que dirá, con cierta razón: -bueno si no quiere comer picante para qué viene a México!!

Otra cosa muy llamativa es esa tendencia al besuqueo que podemos ver en calles, plazas, metro, etc. Las parejas mexicanas (de cualquier edad y género) no se cohíben de besarse en todos lados, sin importarles quien los mire. Aquello me parece lindo, sólo que si andas sola y medio depre, acaba por ser un poco atorrante tanto amor a raudales. Media humanidad comiendo carne y tú a puros vegetales!!! Pero está bien, acá somos más recatados o reprimidos! En los ochenta una alcaldesa llegó a prohibir los besos y las demostraciones públicas de afecto en las plazas de su municipio. No sé si desde esa época nos volvimos más recatados en las calles, pero lo cierto es que los mexicanos tampoco llegan a los extremos que se veían en algunas plazas caraqueñas (al menos yo no los ví).

Otra cosa que me llamó mucho la atención fueron las mascotas. Los perros más extraños y de las razas más exóticas los he visto en México. Cada quien saca su mascota a pasear con su respectiva bolsita y pala. Eso se llama orden y no el desastre que vemos en las calles de Caracas… Algo semejante pude ver en Buenos Aires en donde existen paseadores de perros profesionales, que se dedican a pasear diez perros de diversos tamaños bajo contrato. Interesante profesión! a la que me gustaría dedicarme cuando me jubile…!

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Filosofía profunda…

Septiembre 15, 2007 at 6:58 pm (Citas citables)

Recibido por email y escrito por algún sabio sureño… 

Cualquier idiota es capaz de pintar un cuadro, pero sólo un genio es capaz de venderlo.

Todo es relativo. El tiempo que dura un minuto depende de que lado de la puerta del baño estás.

Nunca desistas de tu sueño. Si no encontraste un cabaret abierto, seguí buscando.

El más noble de los perros es el perro-caliente: Alimenta la mano del que lo muerde.

Si está trabado, forzalo. Si se rompe, precisaba ser cambiado seguro…

Robar ideas de una persona es plagio. Robar de varias es “investigación”.

Cuando te arrojen una piedra, haz con ella un escalón y súbete… Solo después, cuando tengas una visión plena de toda el área, agarrá otra piedra, y tirasela al hijo de puta que te tiró la primera.

En la vida todo es relativo. Un solo pelo en la cabeza  es poco; y en la sopa, es mucho!

En el borde de un precipicio sólo hay una manera de ir para adelante: Dar un paso atrás.

Dime con quien andas, que yo te digo si voy con vos…

Yo cavo, tu cavas, el cava, nosotros cavamos, vosotros caváis, ellos cavan. Parece una boludez, pero es profundo…

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Nombres y más nombres…

Septiembre 12, 2007 at 10:56 am (Uff... esos días)

El gobierno venezolano se ha metido con las denominaciones de todas las instituciones del país e incluso con el nombre mismo de la nación. Así Venezuela pasó a llamarse República Bolivariana de Venezuela, y los ministerios se convirtieron en Ministerio Bolivariano de Relaciones Exteriores, aunque más recientemente volvieron a cambiar de denominación para ser: Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores (en sintonía con la nueva moda socialista del máximo líder). Tales cambios de denominación parecieran se asumidos como la medicina para resolver todos los males. Así si una institución no funciona se le cambia el nombre y zas!! por arte de magia debería cambiar su situación. Después de casi 10 años de gobierno, pues hemos visto como el cambio de nombres no ha modificado absolutamente nada, para nuestro pesar. Pero no era de esto de lo que les quería hablar, sino de la última propuesta de reforma a la Ley de Registro Civil, en donde se quiere evitar las extravagancias de los padres que bautizan a sus hijos con nombres tomados de cualquier cosa.

La noticia ha circulado por la prensa extranjera como una nota divertida y hasta folklórica. En Venezuela, ya algunos opositores radicales denuncian la propuesta como un atentado a la libertad individual y a la patria potestad ejercida por los padres. Así exclaman que si un padre le quiere poner a su hijo como nombre: Superman, está en completa libertad de hacerlo y el hecho que el Estado pretenda prohibir tal nombre es una muestra de la tiranía opresora del regímen… Bue… tampoco es para tanto… Pocas veces he coincidido con el regímen, pero esta vez debo reconocer que ya era hora de acabar con ese bochinche de los nombres. En España y Portugal funciona una ley muy similar y nadie se queja!

A muchos se les olvida que un hijo no es una mascota a la que le puedes poner como nombre cualquier ocurrencia jocosa… Así conocí un caso de una familia cuyos hijos se llamaban Titi y Tato, mientras sus perros ostentaban un Gustavo y Cecilia…!!! No me jorobes

El nombre marca la identidad del individuo para toda la vida. Y debería existir cierta responsabilidad a la hora de seleccionar el nombre de la criatura, ya que una extravagancia puede proporcionarle años de burlas y sufrimiento injustificado a un niño, que crecerá odiando su identidad y a sus padres por semejante destino… A mi particularmente me gusta mi nombre, pero recuerdo con tristeza cómo nos divertíamos a costa de los nombres raros de algunos compañeristos. Pero el asunto no acaba en la etapa escolar…. las burlas continuarán toda la vida, al punto que algunos optan por usar un apodo que evite la carcajada masiva.

En fin, la nota que ha circulado a través de la agencia EFE la reproduzco aquí:

Caracas, 6 sep (EFE).- El Gobierno venezolano parece decidido a reconducir la imaginación de los venezolanos a la hora de bautizar a sus hijos a través de una reforma de la ley del Registro Civil “con el fin de preservar el equilibrio y desarrollo integral del niño o niña”.

De este modo, los Yusnavy (US Navy), Supermán, Maikel Jackson, Makgiber, Guarisda (What is that), Lexotanil (un medicamento) o Yusleidi (US Lady) presentes en el censo electoral del país caribeño quedarán como representantes de una época.

Según el artículo 106 del borrador del proyecto de ley de Registro Civil, elaborado por el Consejo Nacional Electoral (CNE), “los registradores civiles no permitirán que los declarantes del nacimiento -sean éstos sus padres, representantes o responsables- les coloquen nombres que los expongan al ridículo, sean extravagantes o de difícil pronunciación en el idioma oficial”.

El proyecto contempla aquellos nombres de niños o niñas que “contengan variantes familiares y coloquiales que denoten una identificación confusa o que generen dudas sobre la determinación del sexo”.

El borrador incluye dos excepciones: los descendientes de etnias indígenas y los extranjeros, quienes “podrán emplear los nombres que deseen de acuerdo con sus culturas”.

En el estado occidental de Zulia, la espontaneidad y el atractivo por los nombres extranjeros se ha convertido en orgullo y rasgo de identidad regional, de ahí que se encuentren personas llamadas Yesaidú (Yes I do), Noysí, Air Jordan o Maiparner (My Partner).

Según los especialistas, el motivo de esta peculiaridad es la importante influencia extranjera en la zona del lago de Maracaibo durante el siglo XX, donde la potente industria petrolera atraía a numerosos extranjeros cuyos nombres deslumbraron a los habitantes de la región.

Esta tradición, así como la de inventar nombres fruto del cruce de los de los progenitores, Raftina (Rafael y Robertina), Yolimar (Yolanda y Mario), parece condenada a la historia si sale adelante el proyecto de ley que el Consejo Nacional Electoral se ha propuesto.

Cuando alguna familia quiera registrar a sus hijos con alguno de estos nombres el anteproyecto de ley prevé que los registradores civiles ofrezcan como alternativa un listado de nombres y apellidos más comunes en Venezuela

Según Juan Carlos Pinto, director nacional del Registro Civil, el “problema no es el derecho de los padres a poner el nombre que deseen a sus hijos, que es básico, si no que sea dentro de ciertos parámetros”, y puso el ejemplo de otros países en los que existe una legislación similar.

Esta lista, que contará con no menos de cien nombres, será revisada cada año y, de acuerdo con el borrador, se incrementará en un porcentaje proporcional a la población.

“Hay nombres que confunden el sexo, porque en algún momento los padres querían tener un varón y nació una hija y le ponen un nombre que no se corresponde con su sexo”, destacó Pinto.

“Y otros nombres que tienen que ver con las zonas íntimas genitales, que son infamantes”, agregó en rueda de prensa el director del Registro Civil venezolano.

Desde el Consejo Nacional Electoral se señala que se trata de un anteproyecto por lo que todavía ha de ser discutido y que muchos de los puntos tratan de resolver problemas encontrados por los registradores civiles durante su labor.

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Crónicas de viaje (II)

Septiembre 8, 2007 at 4:22 pm (Personalisimo)

Creo que lo que menos me entusiasma de viajar es el paso obligado por el aeropuerto. Sus controles que rozan la paranoia y la tensión del abordaje es algo que me pone francamente nerviosa y de mal humor. Si en el post anterior contaba mi aventura en Ecuador, pues hoy he decidido contar otras peripecias aéreas, para que vean que en todas partes se cuecen habas! con más sal o menos pimienta, pero habas al fin y al cabo…!

En Barquisimeto (Estado Lara) el aeropuerto posee un proceso de seguridad ciertamente estrambótico. Después del normal check in, uno debe pasar por una oficina de Interpol para verificar su documentación personal (¿perdón? ¿Interpol? ¿en Barquisimeto? oh vamossi en el principal aeropuerto del país esto no se hace ¿por qué en Barquisimeto?), pues bien, allí una joven con cara de pocos amigos revisa la cédula de identidad y la compara con el boarding pass, y luego transcribe algo en la computadora. Pero eso no queda allí, luego hay que pasar por una oficina de la DISIP -leáse la policía política venezolana- que graciosamente hace lo mismo que la chica de Interpol (pero que cuando me tocó a mi, pues le había llegado un mensaje que decía que se suspendería el servicio electrico por lo que el funcionario optó por decirme: -”no se preocupe, después pongo sus datos” (????).

En el aeropuerto de Maiquetía, el más importante del país, pues las cosas siempre varían lo cual tiene su encanto. Uno nunca sabe qué te van a revisar: a veces te tienes que quitar los zapatos, la correa y casi que vaciar el equipaje de mano. En otras, pues ni te miran pasar. A veces te tropiezas con algún guardia que te mira medio feo y te pregunta para donde vas y por qué. O algún funcionario de la aerolínea que se cree más agente que el FBI y por ello te interroga sin ton, ni son… Pero eso sí… el humor está presente en todo momento. Una vez, recién renovado mi pasaporte, llegó al aeropuerto con la curiosidad de saber qué información sobre mi persona llevaría el enigmático código de barras. Justo cuando el funcionario de imigración lo pasa por el escaner me concentró en ver la pantalla, y no aparece nada… aquello me asustó ¿no existo? ¿mi pasaporte está malo? con cara de auténtico susto miro al funcionario y le pregunto: “Pero bueno chico ¿qué pasó? ¿por qué no salgo yo allí? y el me responde con una mega sonrisa: “el escaner no funciona”¿y para qué lo pasas entonces? … “Nada más que para verte la cara de susto” y soltó una buena carcajada.

Vamos a ver si en los USA usted se va a encontrar con una situación semejante y con un funcionario con ganas de jorobar graciosamente a la pobre chica que tenía en frente! Esas cosas me reconcilían con mi gentilicio, aunque usted no lo crea, porque me recuerdan que el humor es precisamente lo que nos salva de matarnos los unos a otros…

En el aeropuerto de México también pasé por algo similar. Vaya aeropuerto, es gigantesco, como todo en México: es tamaño pirámide!!! Al aterrizar me preocupaba los dos kilos de harina de maíz que me había encargado una amiga venezolana y los paquetes de café… A la pregunta de: “¿lleva comida, artículos vegetales y bla, bla?” respondí con sinceridad: SI. Pues abra la maleta… y abro la maleta… Me mira el mexicano y me dice: “¿2 kilos no más de harina? ¿por qué no le trajo más a su amiga? ¿es usted tacaña o qué?”… Apenas logré balbucear: es que no quería problemas en el aeropuerto… que respondió: “no más la próxima le trae un bulto completo y más café…o se queda sin amiga”.

Esos son momentos que ciertamente te arrancan una sonrisa y te reconcilian con nuestras raíces latinas… No ocurre lo mismo en Bogotá… El aeropuerto de El Dorado es un fastidio para todo aquel que vaya en conexión. No tiene sentido que un pasajero que se está bajando de un avión y que no ha salido de un pasillo en donde ni ventanas hay, pueda haber adquirido algo ilegal. Así sales de un avión, pasas por un detetector de metales, por los rayos x y no conformes con ello acabas en una sala en la cual los policías te revisan exhaustivamente el equipaje de mano. Eso no sería tan fastidioso si todos los vuelos llegaran a tiempo, pero cuando tu conexión está llegando con retraso y sólo tienes escasa media hora para abordar otro vuelo, te toca pasar por todos estos controles rogando a Dios que no pierdas el vuelo y allí zas… te ganas la lotería como a mi. El policía que me tocó no sólo no le importaba si perdía mi vuelo, es que tenía todas las ganas de dejarme en Bogotá una noche. Revisó mi latop, olió mis boligrafos, mi lápiz labial, mis comesticos, mis pañuelos, mis lentes, mi libreta de notas, mi peine… y todo lo que estaba en mi cartera. Y cuando digo que “olió” es porque de verdad olió… y finalmente se encaprichó con los chocolates que había comprado en el duty free de Caracas. Aunque estaban empaquetados y con el sello del duty free, pues rompió los empaques, destapó los chocolates, le clavó las uñas en los mismos y los olió… pese a todas mis quejas que eran un regalo y que no podría regalar algo comestible que llevaba las uñas clavadas de un policía que ni siquiera guantes usaba… contestó: “digale a su amistad que pasó por Bogotá y que yo abrí los chocolates”… Aquello me revolvió el estomágo, no por los posibles germenes sino por la prepotencia. Llegué a pensar en dejarlos allí, pero preferí botarlos a la basura en mi destino que darle el gusto de comerselos de gratis… Y para colmo el interrogatorio en paralelo “¿para que viaja a Ecuador?”…. -voy a dictar una conferencia. -¿sobre qué es la conferencia? -sobre historia del arte -¿y como se llama la conferencia? (allí no más aluciné… ¿qué le importara a este saber el título, si igual no sabe de qué le estoy hablando? Pensé con toda la mala intención construir un título rebuscado, algo así como estudio de la intertextualidad en la hibridez contemporánea de que sé yo… nada más que por verle la cara… pero el retraso y el constante llamado de mi nombre por los altoparlantes del aeropuerto me hizo desistir de la idea). Repetí el título y no pude evitar decir:”oye allí está la ponencia en papel, si quieres te quedas con ella y la lees, yo llevo dos copias…” a lo cual esbozó una sonrisa y me dijo: Feliz viaje! Me tocó correr por todas las salas, con la latop bajo el brazo, el equipaje abierto y mal arreglado y los pantalones a media cadera gracias a la correa que no había logrado volverme a poner… Fui la última en entrar al avión, con la suerte de que el asiento a mi lado estaba vacio para soltar allí mi equipaje y arreglarlo con más calma después… ¿por qué esta actitud?  ¿se gana algo con ello? ¿han encontrado en un pasajero en conexión algún elemento ilegal? ¿es que no se confía en las revisiones de los otros aeropuertos? A ver… ¿en que momento de mi vuelo Caracas-Bogotá nos detuvimos y yo adquirí algo ilegal? si mi destino final era Ecuador ¿iba a re-importar la droga? vamos eso es medio absurdo. Lo ideal sería que los pasajeros en conexión fueran despachados a otro espacio para su revisión, más rápido y menos engorroso, ya que se supone ya pasaron por controles anteriores. Pero bueno, cada país con sus leyes… y los ciudadanos de a pie a jorobarse, no?

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Crónicas de viaje (I)

Septiembre 5, 2007 at 1:13 pm (Personalisimo)

Recién regresada de un viaje al hermoso Ecuador, me gustaría compartir algunas impresiones…

No es la primera vez que visito Ecuador y su capital Quito. En el 2002 tuve la oportunidad de visitarla, y en aquel viaje las cosas no me fueron muy bien, por lo cual la impresión del país fue bastante regular a mala. Recuerdo que Quito en ese entonces estaba lleno de vendedores informales que tomaban buena parte de aceras y calles, impidiendo el paso vehicular, ensuciando los alrededores y provocando mucha inseguridad entre los pocos extranjeros que nos arriesgabamos a pasar junto a ellos. De hecho, a una de mis colegas le rajaron el bolso, con toda la mala intención de que su contenido se desparramara por el suelo para robarla mejor. Pero no contaron con que la navaja no alcanzó el forro y se quedó sólo en la superficie.

Para colmo de males en ese viaje me enfermé… el clima frío y cambiante, la humedad, una pésima calefacción en el hotel, que además estaba en reformas con mucho polvo en el ambiente, hicieron de las suyas. Pesqué una gripe que me duró más de un mes… Pese al malestar acepté una invitación a pasar el último fin de semana en Cuenca, que ciertamente me dejó gratos recuerdos de una ciudad limpia, agradable, con gente muy amable y hermosas iglesias y museos conventuales a visitar. Quito me había impresionado con sus increíbles iglesias coloniales, pero la ciudad me parecía claustrofóbica, sucia y desagradable. Al punto que llegué a afirmar que el patrimonio era espectacular pero la ciudad era un caos. Y para completar el rosario de dificultades el retorno tampoco fue simpático. En el aeropuerto de Quito se ensañaron conmigo: un par de interrogatorios bastante fastidiosos y luego justo antes de abordar el avión, una revisión de mi maleta acompañada de perros y policías con rostros expectantes por atrapar a la narco del día. Al abrir la maleta y ver libros, me preguntaron con tono de desilusión: “¿sólo lleva libros?”, a lo cual respondí: “¿y que otra cosa quería usted que llevara si ya le dije hasta el cansancio que soy profesora universitaria y vine a dictar una conferencia?” Parecían no entender que una mujer pudiera ser profesora, y pudiera tener algo en la cabeza susceptible a ser escuchado por otros y pudiera viajar a Ecuador sin regresar con la maleta o el estomágo lleno de drogas… A veces los funcionarios dedicados a estos menesteres se olvidan de que tratan con seres humanos y que no todos somos terroristas o narcos en potencia. Pero bueno, acabada la revisión exhaustiva de mi maleta, me montaron en el avión a las carreras, ya que éste esperaba por mi en la pista. Al ser la última a entrar y escoltada por un funcionario, las caras del resto de los pasajeros eran una oda a la desconfianza, se leía en sus rostros: “¿qué será lo que llevaba esta loca que por su culpa estamos retrasados?”… En fin… allí se quedó una familia completita de ecuatorianos, con apariencia de campesinos que buscaban una mejor vida en otro país, a los cuales también los llamaron para revisar su equipaje y que al no encontrarles nada, pues se esmeraron en revisar sus pasaportes e interrogarlos, perdiendo con ello su vuelo. Todo aquello me dejó tan mal sabor en la boca, que juré no regresar a Ecuador.

Pero como todo juramento hace que Dios se destornille de la risa, pues este año recibí una invitación a Ecuador, con todos los gastos pagos. Por semanas estuve pensando y repensando la invitación, explorando mis recuerdos y al final, pues dije que sí, más por los gastos pagos que por un real entusiasmo por volver. De hecho, siempre pido quedarme un par de días, para recorrer por mi cuenta algunos lugares, pero esta vez acepté los días señalados y no quise quedarme ni una hora adicional: dictaría mi conferencia y me marcharía junto a todos los ponentes invitados… Nada de quedarme sola y que luego me tocara pasar por el tormento de aeropuerto con el estigma de “mujer que viaja sola= mula” ….

También opté por llevarme todo mi equipaje “altiplánico”, leáse la ropa con la que acostumbro viajar a lugares extremadamente fríos, además de decenas de medicamentos para el resfriado. Pues debo reconocer que mi disfraz de esquimal funcionó muy bien y más cuando en Venezuela el clima rondaba los 30 grados, llegar a Quito con 17 era un cambio bastante fuerte…

¿qué puedo decir? me llevé la gran sorpresa de que Quito ha cambiado radicalmente. Se ha convertido en una ciudad más vivible, más humana, más agradable, más digna de sus habitantes. Hospedada en un pequeño -y lujoso- hotel del centro, me encontré con calles despejadas, ausencia de vendedores informales (a los cuales han colocado en modernos centros comerciales con todas las comodidades como guarderías para sus hijos, comedores, baños y demás), limpieza en todas partes, monumentos restaurados, iglesias convertidas en espectaculares museos, seguridad en cada esquina al punto que sorprende encontrar personas en las plazas paseando en la noche, en fin… me encontré con otro Quito, que espero los quiteños valoren más y no permitan que bajo ninguna circunstancia les sean arrebatadas estas conquistas! Una ciudad de la que lamenté marcharme sin haber recorrido con más detenimiento la calle La Ronda, sin visitar las cuarenta iglesias y los alucinantes museos. Además de haberme perdido suculentos restaurantes y paseos por los pueblos circunvecinos, o las maravillosas sierras que la rodean.

¿Cómo fue mi regreso? hmmm, sabía que se preguntarían eso. Pues al ir acompañada de uno de los ponentes (hombre…!) , pasé por el interrogatorio de rigor con menos cuestionamientos y miradas de soslayo. Mis maletas cargadas de libros -es inevitable no aprovechar la oportunidad para comprar libros que de otro modo no llegarán jamás aquí- pasaron los controles sin problemas. Pero conocí el caso de una colega chilena que en el mes de enero pasado, optó por quedarse unos días más para visitar lo no visto, y al llegar al aeropuerto se ensañaron con ella al punto que hasta radiografías le tomaron. De nada valió las explicaciones de su perfil profesional: era una mujer que viajaba sola hacia Chile por lo cual era sospechosa! Allí quedó una noche más en Quito, perdió su vuelo y las radiografías demostraron que decía la verdad… Y me pregunto ¿no existirá otra manera de elegir a los sospechosos? ¿no hay otra manera de interrogar sin humillar al viajero? Al menos en mi país te interrogan con una sonrisa, y no con cara de pitbull a punto de saltar a la yugular… Pero  ¿por qué a la francesa de ojos azules y cabello rubio que estaba frente a mi no la interrogaron? Ah…. claro, porta pasaporte de la comunidad económica y por ello es una ciudadana, aunque el porte de hippie con olor a marihuana no le llegara al olfato del guardia, mientras yo con mis ojitos castaños, mi cabello negro y mi pasaporte venezolano soy sospechosa de cualquier cosa… De nada vale si llevas ropa que es más costosa que el salario del guardia en un mes, porque lo que vale es que seas mujer y que viajes sola, y que seas “hermana latinoamericana”…. que ya con ello seguro eres narco… No me jorobes!

¿Volveré a Ecuador? Hmmm…. depende… no digo que estas cosas no pasen en otros aeropuertos, pero vaya que por allá son demasiado cotidianas!

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Un chistecito… para animar el día

Septiembre 5, 2007 at 12:11 pm (Cara de bolsa)

Diversos personajes se acercaron a la sede de la famosa Guía Guiness de records mundiales para “renovar sus títulos”.
 Entró Cenicienta y a los 5 minutos salió llena de alegría:
- ¡¡ Sigo siendo la más bella del Mundo!!
Luego entró Pulgarcito y a los pocos minutos salió saltando y de lo más contento:- ¡¡Todavía no hay nadie más pequeño que yo !!
Entró DUMBO y enseguida salió feliz, batiendo sus orejas:
-¡¡Aún soy el único elefante volador !!
Entró Alí Babá escoltado por sus 40 ladrones…
A los dos minutos salió rojo de la rabia, insultando y gritando en alta voz:
 ¡¡¡¿¿¿ Quién carajo es Chavez y su gabinete ???!!!

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